I Triatlón Cádiz 2012, día de la Madre

El primer triatlón de la temporada no arrancaba como debía. Este fin de semana estaba marcado en la agenda desde hacía tiempo, pero por cuestiones varias no se pudo realizar como teníamos planeado. El “estado” de mi mujer, nunca mejor dicho, y el pronóstico del tiempo para el fin de semana hizo que cambiáramos los planes a última hora, y en vez de ir a pasar el fin de semana a la preciosa ciudad de Cádiz, decidimos que iría yo solito directamente a competir el domingo por la mañana.

A nivel deportivo me lo tomaba como entrenamiento de calidad para mi primer olímpico en Sevilla dos semanas después, así que cualquier obstáculo a superar sería un éxito.

Este invierno estaba disfrutando de mi nueva MTB de 29 pulgadas, y hasta hace solo dos semanas no le cedí paso a la bici de carretera, con lo cual tenía que adaptarme a ella a marchas forzadas. Pero por mucho que me esforcé en estos 15 días no me he terminado de adaptar a tiempo a ella, cambios de reglaje, revisión de la posición, nada, tengo problemillas en mi pierna izquierda y no consigo rodar cómodamente. Suerte que 22 kms con drafting no es demasiado, y la esperanza era pillar un grupito y poder rodar algo más cómodamente. En la carrera a pie no hay problemas, la rodilla no me deja exprimirme a tope pero estoy aprendiendo a integrarla en todo mi ser. Y la natación pensaba que debería irme bien, ya que llevo desde septiembre nadando sin interrupción unos 7000 metros a la semana, pero entrenar sólo esta disciplina te hace desconfiar de estar nadando con la mejor técnica posible. Por otra parte en esta prueba iba a ser casi obligatorio el uso de neopreno, y después de dar mil vueltas al tema acabé por pillar una buenísima oferta por internet sólo unos días antes de la prueba, confiando en que llegara a tiempo… evidentemente no llegó. Así que el día antes tuve que movilizar a toda mi familia para que me solucionaran el problema, iba a usar un traje de surf de 2 mm que tenía en mi casa familiar. Después de barajar varias opciones, mi madre se ofreció a levantarse a las 5:30 de la mañana del domingo para venir a Sevilla a traerme el traje y acompañarme en el desplazamiento a Cádiz, y todo esto en el día de la madre… ¡¡Olé!!

Domingo 6 de mayo

A las 7AM después de haber dejado todo preparado la noche antes y con sólo un plátano y un aguacate en el estómago (era todo lo que iba a comer hasta finalizar la prueba 6 horas después) bajé a la calle para ir cargando las cosas en el coche, y justo en ese momento aparecía mi madre con sus legañas, toda la ilusión del mundo por acompañarme y mi ajado traje de neopreno. Cambiamos de coche, cargamos la bici y todo lo demás, y partimos con las primeras luces y el fresquito de la mañana hacia la bahía de Cádiz. Conforme se iba despejando el día empezamos a comprobar que después de todo, iba a ser un fantástico y luminoso día de primavera. Era el día de la madre y como antaño, allá íbamos ella y yo a disfrutar de una buena mañana deportiva.

Llegamos a Cádiz minutos antes de las 9AM, y de nuevo yo me encargue de lo fácil, ir en busca del dorsal, y mi madre de lo más difícil, de aparcamiento en la zona. En cuanto llegué a la zona y empecé a respirar el ambientillo triatlético y el olor a sal y mar, empezó a acelerárseme el corazón. Me encantan esos momentos. Antes de buscar siquiera la cola de recogida de dorsales fui a asomarme a la playa. ¡Oye que olita más apañá! Unos 15 surfers en el agua estaban echando un buen rato, por un momento me pareció que lo que se me había olvidado era ¡la tabla! Bueno a lo que íbamos… marea baja, bajísima, pero empezando a subir, y oleaje de medio metro, se haría durilla la ida hasta la primera boya.

Una buena transición, larga, muy larga. Yo particularmente lo prefiero así, porque después de salir del agua tengo más margen para llegar fresco a la T1, el tema era que para subir de la playa hasta la zona de boxes, había que subir una buena cuesta de esas que no te dejan recuperar el aliento. Viento de poniente, a favor para la ida en bici y en contra a la vuelta, pero no muy fuerte, no sería un problema. Bueno va, “¡A por el dorsal!” Mi madre mientras ya había aparcado y me esperaba en el coche. Fui a Recoger la bici, y otra vez a la cola para entrar a boxes. Mi madre a desayunar en una terracita llena de familiares. Una vez en boxes lo típico, repaso mental de todo para que no falle nada y para fuera. Me ponen nervioso los boxes, no sé que hace la gente que se eterniza allí, yo tardo un minuto y el resto me lo paso mirando a los demás por si se me olvida algo. En fin quedaba poco tiempo así que me calzo el traje de neopreno y me voy a la playa a ver como se nadaba con esto.

Agua con mucha vida, olas y algas a partes iguales. Me tiro, doy dos brazadas, me recoloco el traje, dejo que me entre un poco de agua, después de todo no estaba taaaan fría. Atravieso un par de olas, nado un poco y ufff, malas sensaciones. Me salgo y voy asumiendo que el agua iba a ser dura. Busco a Marisa y su hermano que son locales y me uno a ellos para quitarnos los nervios hasta la salida. La estampa es preciosa; sol, olas pero no tantas ni tan fieras y más de 450 atletas en la playa esperando las indicaciones de salida. Pienso que son muchos y que el paso de la primera boya va a ser una locura, y trato de encontrar una zona donde la gente parezca menos fiera. Entre una cosa y otra, “fssssssssss…” cohete y para dentro.

Comienza la prueba

Echo a correr y a saltar las primeras olas. Rapidito pero sin arriesgar porque me da miedo que se me descoloquen las gafas que no sé por qué son siempre un problema para mí, así que paso el oleaje sin exhibiciones, y conteniéndome para no hacer la técnica del delfín, eso de ir dando saltos y zambullidas, que es como realmente se avanza en esas condiciones, y que por otra parte a mi me encanta. Rodeado de cientos de gorros blancos encuentro un huequito y empiezo a nadar, una brazada, dos, tres, respira, un, dos, respira, ¡ojo ola! Trago agua. Paso un par más por abajo y vuelvo a nadar, intento coger mi ritmo… yo siempre respiro cada tres, pero nada, esta vez no había manera, el traje me oprime, me falta aire y no soy capaz de llegar a las tres brazadas. Tampoco ayudaba mucho la acumulación de piernas y brazos, golpes y uno que me tira del pie. Al final decido dejar de luchar y nadar cada dos, parecía que nadara cuesta arriba. Sin coger ritmo, y después de esquivar un par de nadadores haciendo eses (serían las olas), giré la primera boya sin muchos problemas. En este momento pensé que lo peor ya había pasado, una boya en paralelo y encararíamos la playa con la marea a favor, pero lo cierto es que el último tramo se me hizo largo. Se me estaban empezando a cargar los hombros, y al final acabé nadando casi de lado por donde respiraba, sin deslizar lo más mínimo y sin hacer rólido ninguno, un desastre total. Pero bueno, siempre se acaba llegando a la orilla, un par de olitas a favor y ya estaba pie en tierra saliendo del agua. Carrerita por la orilla sin fuerzas ni para buscar la cremallera del traje, suerte que la transición era larga, y me dio tiempo de recuperar aire y fuerzas, gracias en parte a que toda la cuesta estaba llena de público que no paraba de animar, “¡geniales estos gaditanos!”.

En la transición sin problemas, me quite el traje en un segundo, gafas, casco, dorsal y a correr. “Upssssss llevo arrastrando la zapatilla izquierda… se me olvidó poner las gomillas”. Sin pararme consigo dar un par de pataditas a los pedales y poner la zapa en la posición buena para apoyarme y montar en la bici, pedaleo un poco y me voy calzando mientras pillo a un par de bicis. Poco a poco fuimos recogiendo a varios ciclistas hasta que encaramos la avenida larga de Cádiz, formamos un grupito de unos 7 ú 8 ciclistas que increíblemente nos pusimos a colaborar. Ayudó mucho que tres de ellos eran de un mismo club y otro chaval que dominaba el tema y que nos puso firmes a todos organizando el pelotón para que entráramos a los relevos.

La verdad es que la bici no es lo mío y me vendría mejor esconderme y quedarme en la trasera del grupo reservando mis fuerzas para la carrera, pero es que no puedo. Me encanta esa sensación de rodar en grupo rápido, de dar tu relevo durante unos segundos y dejarte caer a un lado. Es genial comprobar como con un poquito de esfuerzo de cada uno, el grupo es capaz de rodar tan rápido y con tan poco desgaste. Cuando voy a echar mano del botellín… “meecargfyuasj” segundo despiste del día, no cargué el bote de agua. Ahora ya sé porqué la gente tarda más que yo en prepararse en boxes. Le pido un poco de agua a un compi, que no de muy buen agrado me deja darle un traguito. Yo se lo agradecí igual porque necesitaba bajar la sal y las algas que había tragado en la natación.

En seguida dejamos Cádiz atrás y pusimos rumbo a San Fernando. Con el mar a un lado, la bahía al otro y el viento a favor en un momento llegamos al punto de giro. Llevábamos buen ritmo y aunque ahora con el viento en contra la gente remoloneaba más para pasar, cada vez teníamos más cerca un pelotón bastante grande, lo cual servía para motivarnos. Apretamos un poco y a unos 5 kms del final di uno de los últimos relevos antes de fusionarnos con el grupo precedente, me deje caer al fondo del grupo para recuperar y tomarme con calma el tirón final y “zascampum pam pum” montonera de 6 ó 7 corredores que esquivé ni se como. Con el corazón en la boca miré hacía delante y el pelotón se me había escapado unos 20 metros, nada, los tenía ahí al lado, me acoplé y me puse a pedalear a tope para pillarlos cuanto antes, “vamos que están cerquita”. Pero no, estuve como dos o tres kilómetros persiguiendo un espejismo de ruedas, con el viento pegándome de frente, apretando los dientes y encogiéndome a la mínima expresión como si me fuera a meter en el inexistente carenado (frase de mi amigo JM Barrios). No fui capaz de engancharme, las piernas como piedras y ahora cada vez veía el grupito más lejos. Desistí “¡que pena!”, me puse a ritmo suave y miré atrás a esperar unas cuantas ruedas que veía a unos cien metros. Eran los tres chavales mejor parados de la caída anterior. Me uní a ellos e hicimos todo lo posible por llegar a Cádiz dignamente. Una vez entre edificios el viento se notaba menos, y los gritos de la gente nos llevaron en volandas a la T2.

Dejé la bici, el casco (bien, al menos esta vez no salí a correr con él puesto), me puse las zapas y a correr… llega el final de la prueba y en cierto modo es una liberación, tus piernas y tú, sin más historias. Solo mantener una buena postura y dejar que tus piernas vayan poco a poco cogiendo el ritmo. En cuanto el Garmin coge señal me marca 3´50, voy bien. En esto que mi madre me pega un grito y me recuerda que va a estar ahí a cada poquito empujándome hacía la meta. Son 3 giros de ida y vuelta en el mismo paseo de la playa, así que me cruzaría con ella seis veces. Seis veces que vi su cara de inmensa alegría y que me sacarían una sonrisa a pesar de ir dándolo todo en la carrera. No estaba Andrea, mi gran animadora (y mejor reportera gráfica), pero este día, esta mañana, corría para mi madre. Genial ambientillo en el paseo, todos los corredores en un ida y vuelta de menos de un kilometro y medio, y bastante público animando. Era un poco jaleo porque no sabías en que vuelta iba cada cual, pero bueno, yo a lo mío y en cuanto me di cuenta era la última vuelta. Le grite a mi madre que ya llegaba a meta, que no volvería a pasar, por si acaso, y encaré los últimos 500 metros detrás de un corredor que conocía de Sevilla y que acababa de adelantarme a unos 3´30. Me voy con él y siguiendo sus pasos llegamos a la animada línea de meta (desde aquí felicitar al speaker, un crack). Saludos y felicitaciones y me agarra un chico de la organización y me lleva a la alfombra de nuevo, mi chip no había pitado. Esto me hizo perder algunas posiciones en la clasificación final, pero que se le va a hacer. En ese momento lo que más me preocupaba era coger una botellita de agua, estaba seco. Sin agua en la bici y sin avituallamiento en toda la carrera. Suerte que yo en mis entrenos no bebo casi nunca, así que tengo el metabolismo adaptado. No había terminado de coger la bolsa del corredor cuando aparece mi madre para darme un abrazo y decirme que ha ido todo muy bien, y que hay que ver que no ha visto que dieran ni una botella de agua, je je. No había tardado ni 30 segundos en llegar, así que creo que se corrió la recta de meta a 4´05 aproximadamente.

Un besazo para ella.

Buen día y buen resultado final: 1h09 y puesto 56 de la general (de 450).

Nacho Díaz

Deportista de nacimiento. Inquieto, inconformista y ávido de información. Después de muchos años de baloncesto y trabajo en equipo, comenzó a encontrase a si mismo con deportes individuales tales como la escalada y el surf. Desde hace un par de años la resistencia, y el triatlón en particular, son su obsesión.

Lee otros artículos escritos por .

16 comentarios en “I Triatlón Cádiz 2012, día de la Madre”

  1. Albert

    23 mayo, 2012 a las 18:26

    Joder Nachete, que grande eres tio! Que pedazo competición te marcaste! FELICIDADES por compartirlo con el resto de apasionados al triatlón y al deporte en general. GRACIAS!

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:04

      Gracias a ti Albert. Aqui hay mucha gente grande, tú el primero!!

  2. Jose Manuel Barrios

    23 mayo, 2012 a las 20:44

    Ole tú!!!!!!!!!!!!!! buena crónica me ha encantado tio!!! yo sacandome algas de la boca de como lo has descrito… y lo de la bici genial.. buen trabajo realizado… tendremos que preparar algunas salidas… pero veo el trabajo y la táctica genial… a carrera me tienes que dar clases…. Enhorabuena…. y espero las próximas crónicas!!!!! Un abrazo.

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:06

      No hace falta que te diga nada amigo!! A ver si organizamos más cositas!!

  3. Ángel Bolaño

    23 mayo, 2012 a las 21:19

    Enhorabuena Nacho por todo, relato, competición, compañia en ese día…

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:06

      Gracias Ángel, viniendo de ti es un honor!!

  4. Anna

    24 mayo, 2012 a las 10:25

    Qué arte, Nacho!

    Qué arte tú, y qué arte tu madre!!!

    :-)

    Felicidades!

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:08

      Jeje, mi madre tiene más arte que yo sin duda!

  5. Ayax

    24 mayo, 2012 a las 10:52

    Enhorabuena Nacho!!!Ese neopreno de surf tuvo que ser una pesadilla desde luego.Espectacular tu, pero el ritmo de tu madre hasta la linea de llegada de fabula!.Buen regalo del dia de la madre le hiciste! Esperamos mas cronicas de tus andanzas.Buen trabajo!

    Felicidades!

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:10

      Gracias espartano!! Habrá más relatos, claro que sí.

  6. Manuel Antonio Gómez Panera

    24 mayo, 2012 a las 12:28

    Que buena Nacho , todo a ultima hora jejejeje ami me da algo!!! Mira se te olvido el agua pero sales y aminoácidos de las algas no te faltaron :) .
    Gran resultado maquina :)

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:12

      Jajaja. Tu no te preocupes que yo te preparo todo el material técnico para tu primer half, confia en mí… jajaja. (Mejor haz una lista)

  7. Claudi Cisneros Camps

    24 mayo, 2012 a las 15:42

    Gran relato! Y he aprendido que si alguna vez hago tri el agua de la bici tiene que ser de mineralización MUUUUUUUY baja para compensar :P

    • Nacho Díaz

      27 mayo, 2012 a las 13:08

      Jajaja, Claudi mejor baja, sí, muuuuy baja. Aunque tu sabes que por aqui por el sur somos muy exagerados…

  8. Ángel Parra

    27 mayo, 2012 a las 20:53

    Grande Nacho!! Olé tú y Olé tu madre! gran relato, me ha encantado. Quin patiment que decimos por aquí, sin agua y a darlo todo. Felicidades Crack!

  9. Manuel Ruiz garrido

    28 mayo, 2012 a las 17:05

    me ha gustado mucho leer tu crónica, yo también soy andaluz, de Córdoba, concretamente, un saludo.

Deja tu comentario