Media maratón (minimalista) de Fuerteventura 2011


Justo cuando empecé como redactor en myBC salió publicado un artículo de Roberto Herrera sobre la Media Maratón de Fuerteventura. En él narra su participación y las dudas que tenía en cuanto a la elección de calzado para esta carrera. Yo, que por ese entonces ya estaba dándole vueltas al tema del barefoot, lo vi claro: esta carrera hay que hacerla descalzo. La arena y las dunas son un terreno que no tiene miramientos, exige mucho y no penaliza en exceso un tipo de zapatilla concreto sino que más bien castiga los vicios posturales y la técnica. Cada vez que pisas el pie se hunde de una forma poco predecible y una zapatilla demasiado rígida o una mala pisada puede provocar un giro del tobillo o molestias en las articulaciones. Este fue mi pensamiento y enfoqué la participación en la carrera como la prueba de fuego para demostrarme la viabilidad real del minimalismo y el barefoot.

A finales de junio se abrieron las inscripciones y Alberto, mi incansable compañero de fatigas, y yo nos apuntamos sin dudarlo un momento. Iba a ser mi primera media maratón y no iba a ser una cualquiera, iba a desarrollarse por las dunas del Parque Natural de Corralejo.

Cuando te apuntas a correr una distancia que no has hecho nunca aparece esa sensación que está a medio paso de la ilusión, el respeto, el temor y la locura.

  • Ilusión porque está clase de retos físicos y personales te hacen aumentar tu confianza y autoestima a la vez que desatan sensaciones antes, durante y después que son difícilmente equiparables.
  • Respeto porque nunca había corrido esa distancia ni tanto tiempo y tenía serias dudas de mi capacidad tanto de resistencia, como de sufrimiento y superación.
  • Temor porque en 21 kilómetros puede pasar de todo y sería muy duro ver frustrado el desafío que nos habíamos marcado.
  • Locura porque quién nos manda a nosotros hacer semejante salvajada!

Además, como muchos sabéis, esta carrera iba a ser una especie de promesa cumplida al haber finalizado por fin los estudios de arquitectura técnica por lo que el nivel de misticismo estaba por las nubes.

La preparación

A pesar de tener un gran margen de tiempo para preparar la carrera (de junio a noviembre) la planificación no fue buena. En realidad la planificación fue buena pero el seguimiento se hizo imposible debido al compromiso adquirido con el proyecto final de carrera. Durante el mes de setiembre participé en dos carreras populares de 10 kilómetros y esa era toda mi referencia. Sin haberlas entrenado, comiendo poco y con un cansancio acumulado importante había igualado y mejorado ligeramente mi marca personal.

Entramos en octubre y aparece un bajón emocional por el trabajo acabado y entregado y un periodo de nervios hasta conocer la calificación final. Durante varias semanas el ejercicio físico se reduce a las salidas en bicicleta del fin de semana con mi suegro y alguna carrera cerca de casa sin más propósito que el de desengrasar el cuerpo.

El 18 de octubre me dan la magnífica noticia de que mi trabajo ha sido considerado apto y puedo respirar al fin. Sin embargo, quedan menos de dos semanas para la carrera y hace casi un mes de la última vez que corrí 10 kilómetros. Glups….

Mi preparación no varió en exceso en los días siguientes: seguí saliendo los fines de semana en bicicleta y poco más. A nivel de alimentación tampoco hice grandes maniobras de acercamiento ya que mi cuerpo aun se estaba recuperando de una época bastante dura de estrés y no quería someterlo de nuevo a grandes exigencias.

Llegó el fin de semana de la carrera y allí nos fuimos todo el grupo de amigos a pasar un fin de semana a Fuerteventura y Alberto y yo, que indudablemente teníamos ciertas inquietudes, nos íbamos animando mutuamente. El pensamiento en el que nos amparábamos era que si uno es capaz de correr 10 kilómetros puede correr otros 10 simplemente bajando un poco el ritmo. Y 10 kilómetros yo tenía claro que los podía correr. Además me sentía fuerte ya que el fin de semana anterior había completado 120 kilómetros en bicicleta de carretera sin sufrir en exceso. Lo que nos costaba de cuadrar en esa ecuación era el tema de la arena, las dunas y las piedras volcánicas.

El mismo día que llegamos, sábado, debíamos pasar a recoger los dorsales. Después del madrugón y las 3 horas de viaje, recogimos los coches de alquiler y fuimos hacia el hotel. Hicimos los posibles por no sucumbir al cansancio y aguantar el sueño hasta la noche.

Ya con el dorsal en nuestro poder, nos dirigimos hacia el local donde se hizo el briefing y la pasta party. Se nos informó desde la organización que había que tener un especial cuidado con no estropear ni lanzar residuos fuera de los puntos de control ya que no había que olvidar que estábamos en un parque natural. Tras eso se nos hablo del perfil del recorrido y lo que nos íbamos a encontrar allí: la primera mitad era roca volcánica sobre arena, a mitad de carrera subiríamos una pequeña montaña de roca pura y la vuelta era por dunas de arena. Se nos aconsejó tener especial cuidado con las caídas sobretodo en la primera mitad del recorrido ya que un mal paso y acabar en el suelo podía significar cortarse con las rocas del camino.

Mi intención desde el principio había sido hacer los tramos más duros con uaraches y los más amigables descalzo. Después de escuchar aquello mi neocórtex se hizo dueño de las decisiones y acabé optando por las Vibram Five Fingers con calcetines Injinji como combo para la carrera.

Con estas divagaciones nos acercamos al restaurante y por primera vez en mi vida cené pasta antes de una carrera. No era tiempo de hacer inventos pero habiendo visto el poco rigor en la preparación poco o nada iba a influir otro desliz así que comí lo que me apeteció en la medida que me apeteció.

Con mucho sueño nos metimos en cama sobre las 9 (hora de las Islas Canarias) que en realidad eran nuestras 10 de la Península. Teniendo en cuenta además que esa noche era la del cambio horario el descontrol temporal era total y absoluto.

La carrera

Como era de esperar me levanté mucho antes de la hora a la que nos habíamos puesto el despertador. No por nervios sino porque habíamos podido dormir casi 12 horas y descansar todo lo que el cuerpo había requerido. La noche anterior había dejado preparado todo el equipo sobre la mesa así que me levanté y empecé a enfundarme pieza por pieza todas las partes del uniforme.

Alberto y yo salimos antes hacia la zona de la salida para comprobar el ambiente y calentar un poco. Llegamos de los primeros pero ya empezaba a haber movimiento a pesar de que aun faltaba por llegar el grueso de los participantes. Aprovechando que éramos pocos empezamos a fijarnos en las zapatillas, polainas y equipación que utilizan los demás corredores. Se ven auténticas maravillas de la tecnología para que la arena no entre  y auténticas barbardidades de zapatillas. Confío en mi discurso minimalista porque me ha funcionado pero no dejo de preguntarme en ese momento si no habré pecado de nuevo de imprudente al plantearme hacer 21 kilómetros con 3 milímetros de suela en cada pie

La gente se va agrupando y nosotros ya hemos arrancado a sudar. Nervios, apretones y pam! Salida. Los más fuertes se lanzan a por los primeros puestos mientras que nosotros aceptamos resignadamente las últimas posiciones. Nuestro ritmo lo marcaremos nosotros y no nos inquieta que de inicio nos pasen muchos corredores. Encontramos un ritmo cómodo y a hacer kilómetros.

El primer kilómetro transcurre por una carretera perfectamente asfaltada que une el centro comercial donde se toma la salida con el camino de tierra que nos conduce hasta el parque natural. De manera muy sensible empieza  a cambiar el paisaje y cada vez más desaparece la vegetación para dar paso a piedras y arena. Alberto trota como un gamo mientras yo voy plenamente concentrado en no dar un mal paso que me lleve al suelo o pisar una piedra que me haga ver las estrellas. En los primeros 5 kilómetros mientras aun estamos frescos el camino es suficientemente clemente para poder ir avanzando a algunos de los que nos han pasado de inicio. Llegamos al primer punto de control, inesperado por cierto ya que según la organización sólo habría en el 11 y el 17, y reponemos algo de líquido aunque llevamos las mochilas de hidratación intactas.

A partir de ese momento el camino se convierte en un campo de minas, toda mi capacidad mental se centra en pisar con la almohadilla para no recibir un doloroso golpe en el talón o el puente e ir anticipando el mejor lugar en el que apoyar el pie. Alberto me habla y me pregunta qué tal voy pero si le respondo perderé velocidad o cometeré una equivocación al pisar. Desde el kilómetro 5 al 10, el mundo se desvanece y lo único en lo que puedo concentrarme es en pisar donde toca. La velocidad no era baja y mantener la técnica, postura y no cometer errores se vuelve una tarea plenamente absorbente. Seguro que todos habéis visto la prueba de las zamburguesas en el programa Humor Amarillo, pues mi técnica era muy similar: piernas muy arriba y cayendo vertical para acertar en el hueco de arena esquivando las piedras. Sólo en 4 pisadas durante los primeros 10 kilómetros sufrí impacto en puente o almohadilla. Sí, las fui contando, para eso aun me daba la cabeza.

Llegados al kilómetro 10 y estando cerca de la mitad el reloj marca poco más de una hora pero ante nosotros se alza una montaña llena de guijarros en canto vivo que me obligan a parar y a Alberto a bajar el ritmo porque, a pesar de las zapatillas, las rocas amontonadas prometen ser crueles si se pisan demasiado fuerte. Con el sol pegando fuerte, el cansancio empezando a presentarse y la estampa que se abría ante nosotros nos sentimos como los hobbits que se adelantran en el Monte del Destino de Mordor.

La subida fue mejor que la bajada y perdimos muchísimo tiempo en ese kilómetro escaso. Llegamos un poco más adelante al punto medio de la carrera con el primer avituallamiento oficial. Una fruta, un poco de agua y seguimos. Ahora empieza teóricamente el tramo que me había planteado hacer descalzo pero me he sentido tan bien con las VFF y los Injinji que me digo a mí mismo que si me los quito no me los podré volver a poner porque se me inflará el pie. Así que sigo tal cual.

Las dunas nos engañan, al principio se suben y bajan bien pero conforme avanzan los kilómetros fatigan mucho la musculatura. Además posiblemente por el cansancio cometo un error en mi técnica debido a la forma variable de las dunas y acabo inclinándome hacia delante por las caderas. Poco a poco este gesto provoca que el sobrepeso recaiga sobre las articulaciones y empiezo a sentir molestias en el tobillo. Las subidas y bajadas se convierten en un suplicio y voy bajando el ritmo hasta parar en un par de ocasiones. Hasta que no recupero cierta claridad mental y el terreno se vuelve más firme y plano no doy con el problema y aplico la solución.

Siguiendo los globos de helio que marcan el camino nos plantamos en el kilómetro 17, último punto de control. Allí nos están esperando nuestras novias y amigos para no dejarnos desfallecer y darnos ánimos. Alberto va mucho más entero que yo y le digo que siga a mayor ritmo si quiere pero me dice que no, que hemos venido a hacerla juntos y juntos la haremos. Saco arrestos de donde pensaba que no quedaba nada e intento no hacerle perder más tiempo.

A partir del 17 el terreno se vuelve mucho más amigable y sencillo. Llevamos más de dos horas corriendo, mucho más de lo que he corrido nunca y, sin embargo, conforme mejora el terreno más rápido vamos. Una ojeada al Garmin y veo que estamos cerca de los 5min/km. Después de todo lo mal que había preparado la carrera tanto en entrenamientos como en alimentación y después de 17 kilómetros volvía a estar fuerte como para acabar la carrera que tanto miedo me había dado. Gracias paleodieta.

Dejamos poco a poco la arena detrás nuestro y la cambiamos por tramos asfaltados por los que el día anterior habíamos pasado en coche hasta llegar al hotel. Quedan dos kilómetros y apretamos un poco, estrujando lo que queda. Los metros van cayendo y el pensamiento de que la meta está cada vez más cerca nos da fuerzas para no bajar el ritmo. El orgullo de atravesar juntos la meta, el sobreponernos a las molestias, la alegría de ver a nuestros amigos con una sonrisa y saberte en esa delgada línea que separa la locura de la genialidad, con todo el cuerpo fatigado y pidiendo un descanso que ya pronto llegará…

Cuando te quieres dar cuenta estás enfilando la linea de entrada y piensas “Esto ha sido una hazaña!” y resulta que no lo has pensado sino que lo has dicho en voz alta y Alberto, tu amigo y compañero de carrera, te mira sonriendo y dice “Y tanto David!”. Empezamos a oír los aplausos, nos damos la mano, cruzamos la meta y nos abrazamos.

Conclusiones

Una medalla, una camiseta y muchas fotos son los recuerdos que nos llevamos de esa carrera. Pocos minutos después de acabar el cansancio se muestra en toda su magnitud. Nos descalzamos, nos estiramos en el césped y reponemos fuerzas con lo más calórico que encontramos. Seguimos sonriendo pero ahora nos duele todo. Ya queda poco por hacer allí ahora es cuestión de ducharse, comer hasta reventar y aguantar el sueño hasta la noche, tarea nada sencilla.

No es una carrera para hacer descalzo como yo pensé cuando leí el artículo de Roberto. Es más es la antítesis de barefoot friendly. Durante la carrera el tiempo de llegada no fue importante. Antes de salir me había planteado que ya sería todo un éxito acabar antes de las tres horas o también no acabar el último. Estamos hablando de una preparación terriblemente mala y una prueba especialmente dura en una distancia que no había hecho nunca antes con el añadido de hacerlo con un calzado especialmente poco favorable. Eran muchos factores como para no estar orgulloso de nuestro tiempo final entorno a las 2:40. Lo que más me ayudo a nivel particular fue pensar en la carrera como un entrenamiento y en nunca forzar más allá de lo que debiera. Un entreno duro pero que haría que mi pie funcionara mejor y mis articulaciones estuvieran más fuertes para la próxima carrera. Si todas las carreras son un entrenamiento, en todas se gana. Por otro lado, extracorporalmente, la inestimable ayuda, apoyo y conversación ligera de Alberto hicieron mucho más llevadera la carrera. Dos amigos corriendo por el desierto, sufriendo y sonriendo.

El tiempo no es importante, el reto sí. Lo conseguimos!

David Lampón

Ingeniero y arquitecto por formación, curioso por vocación. Deportista amateur obsesionado con el por qué de todo. Seguidor convencido de la paleodieta, el entrenamiento funcional y el barefoot running.

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16 comentarios en “Media maratón (minimalista) de Fuerteventura 2011”

  1. EDUARD TEBA

    6 diciembre, 2011 a las 20:41

    Muy bueno como siempre David!!!! Y felicidades por el reto

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:10

      Gracias Edu =)

  2. Pau

    6 diciembre, 2011 a las 22:32

    Me ha encantado la crónica! Tu forma de enfocar la carrera me parece muy interesante, e incluso muy recomendable para muchos de nosotros! Un saludo!

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:12

      Gracias Pau. Es algo contrastado por varios compañeros del blog que, una vez te desprendes de las zapatillas y recuperas sensaciones, en algún lugar dejas caer también gran parte de la competitividad. Nunca me había planteado entrenar mentalmente para correr y quizás es precisamente el no hacerlo lo que te permite disfrutar más de la carrera.

  3. Roberto Herrera Mesa

    6 diciembre, 2011 a las 22:33

    Muchisimas felicidades David!! Un honor que me nombres en tu artículo y un perdón grande también por haberte llevado a errores y que ahora, al contrario de lo que pensaste en su momento, pienses que es mala idea para un “barefooting”.
    Aun así, creo que te lo pasaste muy bien y que disrutaste de lo lindo. No solo de la carrera sino de la isla también, espero.

    PD. El sofa del hotel es para enmarcarlo. Tengo una foto muy parecida, jejeje. Ah, y yo también fui con el cambio de hora en el 2010 y no veas que liada con los moviles que se cambian solos y tal. Saludos.

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:15

      Hola Roberto,

      El error fue mío al dar por supuesto que todo el camino sería de duna y arena. Quien iba a pensar que los fotógrafos se iban a salar la zona de piedras. Además, con respecto al recorrido del año pasado, añadieron casi un kilómetro más subiendo por un pequeño monte que parecía más propio de la superficie marciana que de la terrícola. Suerte del briefing de la noche anterior.

      Gracias por pasarte a comentar. Un saludo!

  4. Mariano Bf

    7 diciembre, 2011 a las 1:01

    Hola
    Enhorabuena con tu reto, muchas gracias por compartirlo.
    Me quedo con esta frase; “Si todas las carreras son un entrenamiento, en todas se gana.”
    Saludos

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:19

      Hola Mariano,

      No soy muy amigo de darme mucha coba pero creo que es una frase que describe bastante bien mi filosofía deportiva. Hay mucha gente que no es capaz de disociar el deporte de la competitividad y eso no es problema mientras uno es capaz de mantener el nivel que se autoexige pero llega un momento que sólo queda el disfrute de la propia actividad física y esa transición puede ser dolorosa y frustrante para muchos. Competir es divertido, soy el primero que se pica pero a la larga creo que es mucho más práctico y satisfactorio entender todas las salidas y carreras como un entrenamiento.

      Un saludo!

  5. Iker Balenciaga

    7 diciembre, 2011 a las 15:38

    Enhorabuena David! A uno se le ponen los dientes largos leyendo crónicas como estas. Me ha gustado mucho lo de enfocar la carrera como un entreno. A fin de cuentas, para mí en eso consiste lo de correr; en ir mejorando y aprendiendo día tras día – que ya llegará el momento de empezar a batir records :-D -. Felicidades por el reto!

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:20

      Y si no los batimos, al menos, lo habremos pasado bien intentándolo. Y la comida y la siesta post-carrera son incomparables!

      Gracias Iker. Un saludo!

  6. luis leon

    7 diciembre, 2011 a las 18:09

    Me he reido,sufrido y cansado contigo David.La verdad es que has sido muy valiente en enfrentarte a una media sin apenas entrenar.Lo más importante: has pasado esa barrera psicológica y has obtenido las sensaciones del golpeteo incesante sobre las articulaciones y músculos.Ahora toca descansar e intentar subir los kms que recorras.
    Estuve este verano en Lanzarote de vacas con mi mujer y todo,absolutamente todo,es alucinante.No fuimos a Fuerteventura por vagancia pues estábamos en la gloria pero nos comentaron que era una isla de parecida belleza a Lanzarote.No me llevé las zapas pero me imagino que correr por allí será una experiencia pa los sentidos.

    Un abrazo y enhorabuena.

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:24

      Gracias Luis,

      La zona por la que tenía lugar la carrera es de una belleza incomparable. Ir con calzado minimalista lo complica un poco en la zona de piedras al tener que llevar la cabeza bastante dirigida hacia los pies y los próximos 5 metros. Aparte de eso, el tiempo, la temperatura y la propia ruta fueron perfectos.

      Es muy curioso pero, al acabar, a pesar del cansancio, la alegría y todo eso que uno siente cuando cruza la meta tenía la sensación de que una maratón no hubiera sido mucho más dura y mucho menos asequible que la media por las dunas. Con paciencia y un buen compañero creo que es perfectamente factible. A ver cuando me atrevo a comprobarlo =)

      Un saludo Luis!

  7. Gustavo

    9 diciembre, 2011 a las 19:55

    Enhorabuena por haber cumplido tu reto. Yo soy de Canarias y la media maratón de Fuerteventura es de las que tengo en mente hacerla algún día.

    Salud!

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:25

      Vale mucho la pena Gustavo. No sé si para la próxima edición volveremos a ir pero si estuviera un poco más cerca no lo dudaría. Te la recomiendo mucho =)

      Un saludo!

  8. Melmak

    10 diciembre, 2011 a las 8:22

    Graaaande David. La media BF esta más cerca ;)

    • David Lampón

      12 diciembre, 2011 a las 10:26

      Y tú que lo veas Frodo =)

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